Alejandro Luy
Y llegó el final del Clon. Y momentos antes pensé que había juzgado mal la novelita cuando Anita y Jordana y Rosa y Xiomara y Carolina, mujeres inteligentes defendían su contenido y el abordaje a temas tan difíciles como las drogas. Quizás me apresuré a escribir “Porqué no me gusta el Clon”, artículo que generó una respuesta bien fundamentada de Ana Black (“Porqué yo no veo novelas venezolanas”)
Entonces, abrí mi mente, imaginé la posibilidad de estar equivocado, y el viernes en la noche me dediqué a ver el capítulo final.
¿Saben qué? Mi apreciación no estaba errada. Hoy puedo afirmar que el Clon era una ladilla.
En el diccionario del habla actual de Venezuela de Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez, publicación facilitada por Adriana Villanueva, se lee que ladilla es “persona, animal o cosa que produce molestia o fastidio. 2. Contratiempo o inconveniente que obstaculiza los planes de una persona. // ser una... Ser una persona, un animal, un objeto, molesto o fastidioso. // ¡Qué ~! Locución que se usa para expresar molestia o disgusto.”. Y ladillar se define como “1- Fastidiar o molestar a alguien. 2- se va a ~ aburrirse.”
Y cómo se puede definir a una persona – el clon – que ante la perspectiva de que el padre desapareciera de su vida, se le pegó como una ladilla (el insecto que vive en la región púbica, de donde proviene la expresión venezolana y que se dedica a ladillar) y lo persiguió en sus andares por desiertos y ciudades diciéndole en aquel calorón de Marruecos “padre, padre, padre, ¿ a dónde vas padre?” y el pobre viejo diciendo “deja chico, zapatea pa´otro lado” y pensando “realmente he creado un monstruo…peor que eso, una ladilla humana más grande que la cucaracha de Kafka”.
Y la novela era una ladilla porque existiendo los documentales de una hora de People & Arts, Discovery Channel o Discovery Health, que rápidamente te ilustran sobre miles de problemas (drogas, sida, prostitución, parásitos, asesinos en serie, etc., etc.) cuál es la necesidad de usar sopotocientos capítulos para ver a la carajita Mel drogarse hasta las metras, llorar, llorar y llorar, para finalmente terminar en drogadictos anónimos explicando que ella es una químico dependiente. No vale, las novelas tienen que ser rosas, con mujeres pobres que quedan ciegas, las preña el niño rico para finalmente descubrirse dueña de toda la fortuna. Con esa historia de drogadictos terminé ladillado.
Por supuesto no puedo dejar fuera del análisis a la protagonista de la historia, es decir Jade, que bien pudo llamarse jode; y quien jode es una ladilla. La hermosa mujer se encargó de ladillar a todos los hombres de la historia: a Lucas, a Said, a Zen, al tío Abdul, al tío Siri Alí, a Mustafá (el esposo de la prima). Se puso más fastidiosa que Candy Candy. Sin duda, esa particular característica fue el motivo principal que le dificultó tener una relación estable en toda la novela. ¿Se dieron cuenta que donde estaba Jade la gente gritaba “yala yala yala”? En franco venezolano le estaban diciendo “coño mija no ladilles”
El clon terminó. Se acabó esa y esta ladilla.

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